jueves, 5 de noviembre de 2015

El secuestrador de besos


Lo último que recordó era que quería olvidarle.

Llegó a casa llorando con la cara manchada de pintura.
No quería ver a nadie aunque no hubiera nadie a quien ver.
Estaba sola.
A la mañana siguiente se puso sus medias rotas, charoles negros, pintalabios.
Salió a la calle otoñal donde el viento rugía alborotando sus encrespados cabellos.
Los huesos crujían ante las delicadas hojas inútiles del camino.
Pensó en el frío.
Pensó en miedo.
Pensó en lo inútiles que eran las hojas
Pensó en lo inútil que era ella.
Cruzo el charco al pie de la farola que luchaba por iluminar la calle.
Al cruzar la esquina, el canalón. Y de pie ahí estaba él.
La miró y expulsó el cigarrillo de su asquerosa boca con sabor a ron.
Otra vez, el secuestrador de besos.
Otra vez, dolía.

Tantas veces había intentado quererle que pocas lo había conseguido. Ni siquiera le conocía. Ni siquiera sabía por qué.
La 1.
El hierro desgarraba su piel de porcelana y la sangre corría cada vez más roja....o negra.
Las lágrimas mojaban sus pelos erizados mientras llegaban al suelo y se partían en dos.
Las 2.
El ardor de su cabeza era proporcional al frío que reinaba su corazón, y en las entrañas de su mente encontraba desconsuelo y enemistad. Ella era débil.
Las 3.
En esa maldita habitación no había más que espejos que no reflejaban. Mostraban una mujer con medias rotas, charoles negros, pintalabios. Estaba rota y amordazada. Esa no era ella. Pensó en lo inútil que era la imagen. Pensó en lo inútil que era el espejo.
Las 4.
No podía respirar. Ayuda, por favor, se ahoga. La vista se nubla y el cuerpo se le cae a pedazos. Primero cae uno y luego otro y desaparecen hasta que no queda nada mas que pedazos, cada uno por su cuenta. 
Las 5.
Las 6.
Las 7.
El secuestrador vuelve a la esquina. 
Otra vez.


GCL

miércoles, 21 de octubre de 2015

EL PIRATA Y EL TESORO


Cuando el aire traza un surco
en lo alto de la nube
las gaviotas bailan en forma de uve

Un barco corta y raja
el sol del horizonte,
sol que sube sol que baja
del color mismo de la paja.

En faenas matutinas
los peces en las redes,
junto a las coquinas,
aletean plateados siendo acuchillados.
En el fondo unos percebes.

"No percebes, son vasijas",
dijo el pirata a sus hijas,
el tesoro ahogado del capitán engarfiado,
jamás sido confiado
a ningún galeón labrado.

"Consíguelo y arranca,
de profundas aguas negras,
ese cofre perforado
y por la sal dañado"

Alcanzó el cofre carcomido
apenas habiendo dormido,
ni cansado, ni agotado,
y el cielo encapotado.

"Se avecina una tormenta,
preparen té con menta"
El vendaval se ha llevado
el tesoro aun cerrado.

Junto a rocas y coral,
el botín aun aguarda
a otro osado capitán
cuyo corazón de pureza arda.



GCL.

lunes, 5 de octubre de 2015

Buenas tardes.

Hoy por la mañana una situación que he experimentado me ha hecho reflexionar.

Al ser comienzo de semana, cuesta más volver a la rutina después de los típicos descansos de manta y películas de los domingos. Como tantas otras personas que estudian, van al trabajo y demás actividades matutinas, he madrugado y junto al sueño acumulado he notado el recibimiento del otoño con el frío húmedo y el cielo gris. Me he dirigido totalmente seria hasta la parada de metro que me corresponde y una vez allí, me he adentrado en un torbellino de gente que iba y venía de todas direcciones, cada una por su lado, con prisa, sin mirarse y ni siquiera rozarse. 

Cada una de las personas que he mencionado andaba rumiando sus problemas y preocupaciones sin darse cuenta del hombre que sonreía en un rincón mientras colocaba sus bolsos para vender.
Cada una de esas personas tenía sellada la boca, taponados los oídos y cubiertos los ojos. No fueron capaces de escuchar a una señora que tocaba con su violín la banda sonora de La vida es bella.
Cada hombre y cada mujer de los que estaban en el vagón junto a mí yacían pálidos, distantes y vacíos. No han sido capaces de ver, una vez en la salida, como un hombre mayor; seguramente ya jubilado, con el rostro surcado por cicatrices de vida y arrugas de experiencia; se molestaba en acercarse a cada uno de nosotros, a cada una de las almas vacías, a cada una de las mentes ignorantes de las cosas hermosas, para desearnos un feliz y próspero día.

No se si fue aquella mujer de delicadas manos que nos regaló la música para nuestros oídos, no sé si fue el hombre que nos alegraba la vista con coloridos bolsos hechos a mano, no sé si fue quizá el hombre que repartía sonrisas a la salida del subterráneo; pero tampoco importa mucho la causa. Lo que de verdad sé es que tras darme cuenta de cosas que cualquier otro día habría ignorado, sonreí. 

Mi sonrisa causó tal epidemia que empecé a contagiar a todo el que me rodeaba y por primera vez en mucho tiempo, aunque no conocía a ninguno de los que vi esta mañana, me sentí llena de vitalidad.

Sonriamos ahora, mañana y todos los días.


GCL

viernes, 31 de julio de 2015

Ojos negros se enternecen como ramas de almendro,
ramas negras; ramas flacas, estiradas, erizadas.
Negros alfileres, alfileres negros.
Estirada figura, zalamera, de caramelo.
Un instante atrapado por la sombra entre las sombras.
Todo es negro.
Misteriosa criatura de firme y atenta mirada.
La presa entre sus garras, el ovillo está deshecho.
No es mascota, no es amigo, simple compañía.
Compañía solitaria,
que marchando a medianoche
no vuelve hasta algo nuevo.

GCL
Buenas tardes.

Supongo que resulta complicado comprender las causas y el desarrollo de la guerra mundial desde el punto de vista de la Alemania nazi, pero, como en todas las guerras, ambas partes sufren y pierden la vida.

Es así como Markus Zusak decide abandonar la novela juvenil para estrenarse en la novela adulta y darse a conocer a nivel mundial con La ladrona de libros. Encarnando la figura de la mismísima muerte, narra la curiosa e inigualable vida de Liesel Meminger, quién, acogida por una humilde familia alemana, años antes del estallido de la gran guerra, muestra un peculiar y creciente interés por la lectura y posteriormente la escritura, mientras sobrevive en la pobreza refugiada en su mejor amigo, su padre, y demás personas que conocemos a lo largo del relato.
Extraordinarios personajes nos enseñan el valor de las palabras y la compañía que nos pueden brindar en los peores momentos. Según dice Ricard Ruíz Garzón, de El Periódico de Catalunya: " (···) logra emocionar sin clichés (···).".

Sin embargo, no fue mi caso, ya que aun siendo una persona emocional, no llegó a sorprenderme como lecturas anteriores. De todos modos, debo reconocer  que es un libro entretenido e interesante, y que, pudiendo ser por su rara narradora o por hechos no comúnmente tratados, la historia logra atraparte del principio al final. Por último, recomendaría este libro a los amantes de la historia y a aquellas personas que buscan sorprenderse y emocionarse a cada página.

miércoles, 29 de abril de 2015

Buenas tardes.

Después de varios días inmersa entre las páginas de El haiku de las palabras perdidas, hoy termino por fin de leerlo. Tal intenso sentimiento han causado en mí las acertadas palabras de Andrés Pascual, que no imagino mejor forma de estrenar mi blog que con una crítica ( más bien oda) a esta obra maestra.

Me considero una "amateur" de la literatura, tanto por mi temprana edad como por mi ignorancia hacia este mundo tan evocador que día tras día da a luz a nuevos libros.
De todos modos, me gustaría dar mi opinión por si sirviera de ayuda o inspiración a veteranos lectores o a jóvenes y mayores que como yo, intentan "hacerse notar" en esta aventura que es la lectura y la escritura.

Como ya afirma Juan Ángel Juristo González, redactor y colaborador en el diario ABC, este es un libro hermoso, dotado de un estilo eficaz que enlaza dos historias apasionantes.
Estoy de acuerdo con él, pues aunque el desenlace puede no ser el más esperado o puede no ser de agrado para muchos, para tantos otros incita a la reflexión. Yo misma me pregunte qué había pasado mientras las últimas palabras se consumían como los cuerpos abrasados de los que hablaba Kazuo. Pasé la página de inmediato pudiendo leer: "Agradecimientos". No podía creer que fuese así como acabara todo. Entonces pensé en mirar la situación desde otra perspectiva, intentando entender sin rendirme. Emilian y Mei no se hubiesen rendido. Fue cuando lo vi. Aquel no era el final si no el principio, el que podía ser el comienzo de una nueva historia de amor aunque no adolescente.

Pocos libros han conseguido desatar en mí tal tormenta de emociones; de la curiosidad a la tensión y de tensión a rabia, pasando por momentos en que perdí alguna lágrima que otra. 
La excelente redacción de cada uno de sus párrafos me hizo sentir como un personaje más, tensa por la sucesión de acontecimientos, infectada de radiactividad como las gentes del Nagasaki del 45, hipnotizada por la pacífica y misteriosa cultura nipona.

No haré esto más extenso, por lo que para concluir me gustaría recomendar este best-seller a todas aquellas personas amantes de la historia, de la intriga, y del misterio. Excelente para aquellos filosóficos corazones, románticos, que siguen y seguirán buscando el significado de su haiku de vida.